Entre Columnas
La
cínica huelga de hambre.
Martín Quitano Martínez
El cinismo es para cobardes.
Paulo Coelho
Él hace su propia telenovela
para no abandonar las primeras planas. En la nueva temporada Javidú escribe
cartas y se pone en huelga de hambre. Se encuentra triste e indignado por sus
compañeros del club, asumiendo el papel de paladín de la justicia de los cuates
que le ayudaron a delinquir. La cínica huelga de hambre del impresentable
Javier Duarte es una manifestación de la locura calculada.
El protagonismo insano del
personaje es uno de los rasgos del estereotipo del peor gobernante que
representa una clase política que enmudece porque está coludida al hacer y
permitir que nuestro país se convirtiera en rehén de la corrupción y la
impunidad.
La ruindad de su periodo de
gobierno es el colofón de los anteriores 6 años cuando se cimentaron las redes
de descomposición, los entramados de complicidades que abrieron la puerta a equipos
de administrativos y políticos superlativamente deshonestos y sin escrúpulos;
son los 12 años de nuestra tragedia veracruzana.
El de gestos turbios, sonrisas
burlonas y altaneras, reclama la “verdad” que dice lo hará libre, se pronuncia
a favor de sus allegados. La desfachatez Duartista parece no conocer limites,
su actuar refleja los desvaríos de un enfermo, un individuo que busca burlar el
sentir social, que se reclama como preso político, porque en su delirio asume en
los medios la defensa de sujetos marcados por la corrupción y las acciones
dolosas e ilegales.
Veracruz es la perla encontrada
en el festín priísta de la corrupción organizada, cobijándolo aún de muchas
maneras para que no hable, es el cinismo redivivo en las actuaciones de un sujeto
que llama a la legalidad cuando su ejercicio público representó todo lo
contrario.
Duarte es solo un componente
de un grupo amplio que requiere ser sancionado, de una familia que se asumió
como Famiglia al más puro estilo mafioso, que devengó lucrativos ingresos a
costa de recursos públicos, escalando a fortunas individuales que postraron
nuestra entidad.
Pretendiendo
un liderazgo político que está muy lejos de tener desde prisión y en calidad de
perseguido político, se pone de manifiesto su altanero ego, su indolencia
social, su majadería política, su vociferante cinismo. Lejos le quedan los
lamentos y la indignación de millones de veracruzanos ante sus saqueos, ante el
robo descarnado del dinero y del futuro de millones de veracruzanos.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
Rescatar al Instituto de
Pensiones del Estado es un imperativo de justicia social

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