Entre Columnas
Xalapa
sin control urbano
Martín Quitano Martínez
Entre un gobierno que lo
hace mal y un pueblo que lo consiente,
hay una cierta complicidad vergonzosa.
Víctor Hugo
Para desgracia de todos, sus
habitantes y visitantes, la otrora Atenas Veracruzana, orgullosa capital del
estado, se ha convertido en un pueblo sin orden, sin ley, una ciudad que crece
sin control hacia zonas de riesgo, donde cada quien hace y construye lo que le
parece en donde le dé la gana, sin rendirle cuentas a nadie.
El desorden y la presión
urbana que existe en la capital veracruzana es directamente proporcional a las
omisiones de una autoridad municipal ineficaz y autocomplaciente, deseosa de
promoción mediática pero poco comprometida con el control del desarrollo
urbano.
Sobrepasada en su capacidad de
respuesta, de vigilancia, de supervisión, prefiere dedicar recursos a obras
suntuarias en lugar de ampliar su plantilla y mejorar sus procesos, con lo que en
la vía de los hechos se convierte en cómplice de la violación sistemática de
las normas, pues al voltear la cara y no sancionar al que incumple, viola a su
vez su responsabilidad de cumplir y hacer cumplir la ley.
Una ciudad que merece mucha
mejor suerte, está perdiendo su equilibrio e imagen y sus espacios verdes
públicos, por la incapacidad o complicidad de sus autoridades, pues no ejerce a
cabalidad sus atribuciones regulatorias para desgracia de sus habitantes,
poniendo en el debate público el respeto de ciudadanos y autoridades a los
ordenamientos para el desarrollo urbano.
No es un asunto menor pasar
por alto las normas, pues los actos administrativos otorgados en contravención
a la ley, son nulos de pleno derecho. No es excusable de su aplicación la ley
“porque no me da tiempo”, “porque somos pocos y hay mucho trabajo”, “porque no
tenemos el personal técnico suficiente” o “porque andamos en otro acto”.
La arbitrariedad de los actos
de particulares fuera de la ley que no son sancionados, las afectaciones a
terceros sin actos resarcitorios, la prevalencia de las situaciones de hecho
por encima de las disposiciones de derecho, son la vida cotidiana de esta
ciudad, dejando al descubierto la crisis de la representación municipal.
Las razones políticas, la suspicacia
de contraprestaciones económicas o simplemente la ineficacia y/o la nula
vocación de compromiso para con sus responsabilidades, hacen a muchas de las
áreas municipales xalapeñas, responsables del deterioro ciudadano, de la prestación
de los servicios, que sin duda dañan la convivencia en una ciudad bajo asedio
de múltiples factores que favorecen el río revuelto donde los pescadores
están teniendo ganancias.
Nuestros espacios de
tolerancia pública ante las ilegalidades son muy amplias, los hechos
irregulares no son medidos como tales sino en función de su “importancia” de
las dimensiones del ilícito; el robar pero poquito es una medida que se ha
acomodado a las buenas conciencias dados los incomparables estándares que se
nos presentan tan cercanamente.
Es vergonzosa la fatal
condición social y administrativa en que nos encontramos, reflejada no solo en
los graves y altos montos de recursos económicos o en las afectaciones de todo
tipo que se realizan con la omisión y el
mal ejercicio de unos cuantos, sino principalmente en esa tarea hormiga que una
importante parte de la población maneja todos los días como “su” parte de la
tajada y que se ha vuelto una costumbre, disfrutando la impunidad del ilícito
que no se sanciona.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
No
permitamos que NO nos horrorice el grado de violencia en que vivimos. Evitémosla
en cualquiera de sus manifestaciones. Condenémosla venga de donde venga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario